Aprendizaje‑Servicio entre iguales: cuando el
instituto es territorio, barrio y mundo
En el marco del I Congreso Internacional de Centros
Universitarios Católicos de Formación de Educadores “Rescatar la educación”
(noviembre–diciembre de 2024), presentamos junto a Ana Isabel Muñoz Alcón
la comunicación titulada Aprendizaje‑servicio entre iguales: escuela de
virtudes y habilidades blandas para la convivencia. Este trabajo ha sido
publicado posteriormente como capítulo 4 del libro colectivo Invertir
en educación merece la pena. Análisis y propuestas educativas (Editorial
Sindéresis, 2025).
El capítulo recoge y fundamenta el proyecto eMe –
Espacio de Mentoría Estudiantil, una experiencia de Aprendizaje‑Servicio
desarrollada en un instituto de Educación Secundaria situado en un contexto de
alta vulnerabilidad social. Más allá de describir una buena práctica, el texto
plantea una reflexión pedagógica y territorial que consideramos
especialmente relevante para el debate actual sobre el ApS en Secundaria.
El origen del proyecto: una intuición
pedagógica sostenida en el tiempo
Aunque el proyecto eMe se consolida institucionalmente
en un centro concreto, sus raíces se remontan al inicio de mi carrera docente.
Como señalamos en el capítulo, “el Aprendizaje‑Servicio no aparece como una
metodología añadida, sino como la sistematización de una manera de entender la
relación educativa y el compromiso con los otros” (Pérez Carcedo &
Muñoz Alcón, 2025).
Desde esta perspectiva, eMe no nace como un diseño
externo que se implanta, sino como una respuesta educativa situada, surgida de
la observación cotidiana de las necesidades reales del alumnado y del potencial
transformador del acompañamiento entre iguales.
El instituto como territorio de
Aprendizaje‑Servicio
Uno de los ejes centrales del capítulo es la reinterpretación
del concepto de territorio en el ApS. En contextos de Educación Secundaria,
salir físicamente del centro para desarrollar proyectos comunitarios no siempre
es viable: limitaciones horarias, organizativas y culturales lo dificultan, y
muchos claustros aún no están preparados para ello.
Frente a esta realidad, sostenemos que “el
instituto no es un espacio cerrado ni ajeno al territorio, sino una de sus
expresiones más densas y significativas” (Pérez Carcedo & Muñoz Alcón,
2025). El alumnado, las familias y los profesionales que lo habitan pertenecen
al barrio, al distrito y a la ciudad. Por tanto:
EL INSTITUTO ES BARRIO.
EL INSTITUTO ES CIUDAD.
EL INSTITUTO ES MUNDO.
Servir dentro del instituto es servir al barrio;
mejorar la convivencia escolar es mejorar la convivencia comunitaria; educar en
la responsabilidad y el compromiso tiene un impacto que trasciende los muros
del centro.
El servicio: acompañar para aprender y
convivir
En eMe, estudiantes de cursos superiores acompañan
durante los recreos a compañeros con dificultades académicas, barreras
lingüísticas o trayectorias educativas frágiles. Este servicio se desarrolla en
un espacio cotidiano del centro y supone una renuncia voluntaria al propio
tiempo de descanso.
Tal como recogemos en el capítulo, “el valor
educativo del proyecto no reside solo en la ayuda prestada, sino en la
disponibilidad, la presencia y la relación que se establece” (Pérez Carcedo
& Muñoz Alcón, 2025). Estas relaciones generan vínculos intergeneracionales
poco habituales en los centros y transforman el clima escolar.
Aprender virtudes y habilidades para la
vida
Uno de los aportes más significativos del proyecto es
mostrar cómo el Aprendizaje‑Servicio entre iguales se convierte en una escuela
de virtudes y habilidades blandas. El alumnado mentor desarrolla
responsabilidad, constancia, empatía y compromiso, junto con competencias clave
como la comunicación, el liderazgo cooperativo y la resolución de problemas.
Como afirmamos en el texto, “el servicio se
convierte en un espacio privilegiado de autoconocimiento y construcción de
identidad personal y social” (Pérez Carcedo & Muñoz Alcón, 2025). La
reflexión sistemática mediante diarios de servicio permite que el aprendizaje
se haga consciente y significativo.
De la convivencia escolar a la
transformación social
El impacto del proyecto no se limita al centro
educativo. Las relaciones creadas se extienden a los pasillos, al patio y al
barrio: alumnos de distintas edades que se reconocen, se saludan y se saben
parte de una misma comunidad. Esta mejora de la convivencia escolar repercute
en las familias, en el distrito y, en última instancia, en la ciudad.
Desde esta experiencia, defendemos que el Aprendizaje‑Servicio
intracentro no es una solución de segundo nivel, sino una forma auténtica y
profunda de intervención territorial, especialmente en Secundaria.
Transformar el instituto es transformar el mundo, comenzando por lo cercano.
Acceso al capítulo
El capítulo completo puede consultarse en:
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